p-books.com
Legends, Tales and Poems
by Gustavo Adolfo Becquer
Previous Part     1  2  3  4  5  6  7     Next Part
Home - Random Browse

La tradicion que refiere esta maravillosa historia, acaecida hace muchos anos, no dice nada mas acerca de los personajes que fueron sus heroes.

Yo, en mi calidad de cronista veridico, no anadire ni una sola palabra de mi cosecha para caracterizarlos mejor.



II

El la encontro un dia llorando y le pregunto:—?Por que lloras?

Ella se enjugo los ojos, le miro fijamente, arrojo un suspiro y volvio a llorar.

Pero entonces, acercandose a Maria, le tomo una mano, apoyo el codo en el pretil arabe desde donde la hermosa miraba pasar la corriente del rio, y torno a decirle:—?Por que lloras?

El Tajo[1] se retorcia gimiendo al pie del mirador[2] entre las rocas sobre que se asienta la ciudad imperial.[3] El sol trasponia los montes vecinos, la niebla de la tarde flotaba como un velo de gasa azul, y solo el monotono ruido del agua interrumpia el alto silencio.

[Footnote 1: El Tajo = 'The Tagus.' "The longest river in the Spanish peninsula.... It rises in the province of Teruel, Spain, in the mountain Muela de San Juan; flows west through New Castile and Estremadura; forms part of the boundary between Spain and Portugal; and empties by two arms into the Bay of Lisbon. The chief city on its banks in Spain is Toledo." Century Dict.]

[Footnote 2: mirador = 'lookout,' a kind of bow in the wall surrounding some of the heights of Toledo.]

[Footnote 3: imperial. Referring probably to the time of the Roman dominion, which, though it lasted some two hundred years, has left in the monuments of Toledo very little evidence of its duration. See p. 50, note 2.]

Maria exclamo:—No me preguntes por que lloro, no me lo preguntes; pues ni yo sabre contestarte, ni tu comprenderme. Hay deseos que se ahogan en nuestra alma de mujer, sin que los revele mas que un suspiro; ideas locas que cruzan por nuestra imaginacion, sin que ose formularlas el labio, fenomenos incomprensibles de nuestra naturaleza misteriosa, que el hombre no puede ni aun concebir. Te lo ruego, no me preguntes la causa de mi dolor; si te la revelase, acaso te arrancaria una carcajada.

Cuando estas palabras expiraron, ella torno a inclinar la frente, y el a reiterar sus preguntas.

La hermosa, rompiendo al fin su obstinado silencio, dijo a su amante con voz sorda y entrecortada.

—Tu lo quieres, es una locura que te hara reir; pero no importa: te lo dire, puesto que lo deseas.

Ayer estuve en el templo.[1] Se celebraba la fiesta de la Virgen;[2] su imagen, colocada en el altar mayor sobre un escabel de oro, resplandecia como un[3] ascua de fuego; las notas del organo temblaban dilatandose de eco en eco por el ambito de la iglesia, y en el coro los sacerdotes entonaban el Salve, Regina[4]

[Footnote 1: templo. Reference is made here to the cathedral of Toledo.]

[Footnote 2: la fiesta de la Virgen. Probably the festival of the Assumption, August 15, as this is generally considered the most important of the various festivals in honor of the Virgin, such as, for example, the Nativity of Mary (September 8), the Purification of the Blessed Virgin (February 2), and the Annunciation (March 25).]

[Footnote 3: un. For una. This use is not sanctioned by the Spanish Academy, nor, as Knapp says, "by the best modern writers."]

[Footnote 4: Salve, Regina = 'Hail, Queen (of Mercy).' The first words of a Latin antiphon ascribed to Hermannus Contractus (b. 1013-d. 1054). In mediaeval times it was a great favorite with the church, and was appointed for use at compline, from the first vespers of Trinity Sunday up to nones on the Saturday before Advent Sunday. See John Julian, Dictionary of Hymnology, London, 1892, p. 991.]

Yo rezaba, rezaba absorta en mis pensamientos religiosos, cuando maquinalmente levante la cabeza y mi vista se dirigio al altar. No se por que mis ojos se fijaron desde luego en la imagen, digo mal, en la imagen no; se fijaron en un objeto que hasta entonces no habia visto, un objeto que, sin poder explicarmelo, llamaba sobre si toda mi atencion. No te rias ... aquel objeto era la ajorca de oro que tiene la Madre de Dios en uno de los brazos en que descansa su divino Hijo.... Yo aparte la vista y torne a rezar.... iImposible! Mis ojos se volvian involuntariamente al mismo punto. Las luces del altar, reflejandose en las mil facetas de sus diamantes, se reproducian de una manera prodigiosa. Millones de chispas de luz rojas y azules, verdes y amarillas, volteaban alrededor de las piedras como un torbellino de atomos de fuego, como una vertiginosa ronda de esos espiritus de las llamas que fascinan con su brillo y su increible inquietud....

Sali del templo, vine a casa, pero vine con aquella idea fija en la imaginacion. Me acoste para dormir; no pude.... Paso la noche, eterna con aquel pensamiento.... Al amanecer se cerraron mis parpados, y, ?lo creeras? aun en el sueno veia cruzar, perderse y tornar de nuevo una mujer, una mujer morena y hermosa, que llevaba la joya de oro y de pedreria; una mujer, si, porque ya no era la Virgen que yo adoro y ante quien me humillo, era una mujer, otra mujer como yo, que me miraba y se reia mofandose de mi.—?La ves? parecia decirme, mostrandome la joya.—iComo brilla! Parece un circulo de estrellas arrancadas del cielo de una noche de verano. ?La ves? pues no es tuya, no lo sera nunca, nunca.... Tendras acaso otras mejores, mas ricas, si es posible; pero esta, esta que resplandece de un modo tan fantastico, tan fascinador ... nunca ... nunca ...—Desperte; pero con la misma idea fija aqui, entonces como ahora, semejante a un clavo ardiente, diabolica, incontrastable, inspirada sin duda por el mismo Satanas.... ?Y que?... Callas, callas y doblas la frente.... ?No te hace reir mi locura?

Pedro, con un movimiento convulsive, oprimio el puno de su espada, levanto la cabeza, que en efecto habia inclinado, y dijo con voz sorda:

—?Que Virgen tiene esa presea?

—La del Sagrario,[1] murmuro Maria.

[Footnote 1: La (Virgen) del Sagrario. A highly venerated figure of the Virgin, made of a dark-colored wood and almost covered with valuable jewels. It stands now in the chapel of the same name, to which visitors are seldom admitted.]

—iLa del Sagrario! repitio el joven con acento de terror: ila del Sagrario de la catedral!...

Y en sus facciones se retrato un instante el estado de su alma, espantada de una idea.

—iAh! ?por que no la posee otra Virgen?[1] prosiguio con acento energico y apasionado; ?por que no la tiene el arzobispo en su mitra, el rey en su corona, o el diablo entre sus garras? Yo se la arrancaria para ti, aunque me costase la vida o la condenacion. Pero a la Virgen del Sagrario, a nuestra Santa Patrona, yo ... yo que he nacido en Toledo, iimposible, imposible!

[Footnote 1: otra Virgen. There are several other statues of the Virgin in the cathedral, for which, however, less reverence is felt. The choice of certain statues of Christ or of the Virgin for special veneration is very characteristic of Spanish Catholics. See p. 152, note 2.]

—iNunca! murmuro Maria con voz casi imperceptible; inunca!

Y siguio llorando.

Pedro fijo una mirada estupida en la corriente del rio. En la corriente, que pasaba y pasaba sin cesar ante sus extraviados ojos, quebrandose al pie del mirador entre las rocas sobre que se asienta la ciudad imperial.



III

iLa catedral de Toledo![1] Figuraos un bosque de gigantes palmeras de granito que al entrelazar sus ramas forman una boveda colosal y magnifica, bajo la que se guarece y vive, con la vida que le ha prestado el genio, toda una creacion de seres imaginarios y reales.

[Footnote 1: La catedral de Toledo. The construction of the Toledo Cathedral is essentially of the thirteenth century, although it was not finished until 1493. The exterior of this vast church, with its great doors, rose-windows, and beautiful Gothic towers, the northern one of which (295 ft.) has alone been finished, is of surpassing grandeur and beauty, and nothing could be more sumptuous or more impressive than its interior. "And should time be short for detailed inspection, it is this general effect of immense naves, of a forest of columns and of jeweled windows that we carry away, feeling too small amidst such greatness of form and incomparable loveliness of lights for the mere expression of admiration." Hannah Lynch, Toledo, London, 1903, pp. 150-151.]

Figuraos un caos incomprensible de sombra y luz, en donde se mezclan y confunden con las tinieblas de las naves los rayos de colores de las ojivas; donde lucha y se pierde con la obscuridad del santuario el fulgor de las lamparas.

Figuraos un mundo de piedra, inmenso como el espiritu de nuestra religion, sombrio como sus tradiciones, enigmatico como sus parabolas, y todavia no tendreis una idea remota de ese eterno monumento del entusiasmo y la fe de nuestros mayores, sobre el que los siglos ban derramado a porfia el tesoro de sus creencias, de su inspiration y de sus artes.

En su seno viven el silencio, la majestad, la poesia del misticismo, y un santo horror que defiende sus umbrales contra los pensamientos mundanos y las mezquinas pasiones de la tierra.

La consuncion material se alivia respirando el aire puro de las montanas; el ateismo debe curarse respirando su atmosfera de fe.

Pero si grande, si imponente se presenta la catedral a nuestros ojos a cualquier hora que se penetra en su recinto misterioso y sagrado, nunca produce una impresion tan profunda como en los dias en que despliega todas las galas de su pompa religiosa, en que sus tabernaculos se cubren de oro y pedreria, sus gradas de alfombra y sus pilares de tapices.

Entonces, cuando arden despidiendo un torrente de luz sus mil lamparas de plata; cuando flota en el aire una nube de incienso, y las voces del coro, y la armonia de los organos y las campanas de la torre estremecen el edificio desde sus cimientos mas profundos hasta las mas altas agujas que lo coronan, entonces es cuando se comprende, al sentirla, la tremenda majestad de Dios que vive en el, y lo anima con su soplo y lo llena con el reflejo de su omnipotencia.

El mismo dia en que tuvo lugar la escena que acabamos de referir, se celebraba en la catedral de Toledo el ultimo de la magnifica octava de la Virgen.[1]

[Footnote 1: octava de la Virgen. The eight days during which is solemnized the principal fete of the Virgin, August 15-22. See p. 52, note 3.]

La fiesta religiosa habia traido a ella una multitud inmensa de fieles; pero ya esta se habia dispersado en todas direcciones; ya se habian apagado las luces de las capillas y del altar mayor, y las colosales puertas del templo habian rechinado sobre sus goznes para cerrarse detras del ultimo toledano, cuando de entre las sombras, y palido, tan palido como la estatua de la tumba en que se apoyo un instante mientras dominaba su emocion, se adelanto un hombre que vino deslizandose con el mayor sigilo hasta la verja del crucero. Alli la claridad de una lampara permitia distinguir sus facciones.

Era Pedro.

?Que habia pasado entre los dos amantes para que se arrastrara al fin a poner por obra una idea que solo el concebirla habia erizado sus cabellos de horror? Nunca pudo saberse.

Pero el estaba alli, y estaba alli para llevar a cabo su criminal proposito. En su mirada inquieta, en el temblor de sus rodillas, en el sudor que corria en anchas gotas por su frente, llevaba escrito su pensamiento.

La catedral estaba sola, completamente sola, y sumergida en un silencio profundo.

No obstante, de cuando en cuando se percibian como unos rumores confusos: chasquidos de madera tal vez, o murmullos del viento, o ?quien sabe? acaso ilusion de la fantasia, que oye y ve y palpa en su exaltacion lo que no existe, pero la verdad era que ya cerca, ya lejos, ora a sus espaldas, ora a su lado mismo, sonaban como sollozos que se comprimen, como roce de telas que se arrastran, como rumor de pasos que van y vienen sin cesar.

Pedro hizo un esfuerzo para seguir en su camino, llego a la verja, y subio la primera grada de la capilla mayor.[1] Alrededor de esta capilla estan las tumbas de los reyes,[2] cuyas imagenes de piedra, con la mano en la empunadura de la espada, parecen velar noche y dia por el santuario a cuya sombra descansan todos por una eternidad.

[Footnote 1: la primera ... mayor. There are three steps that lead up to the chapel, which is separated from the transept to-day by a magnificent reja (screen or grating), dating from 1548, and is filled with treasures of art.]

[Footnote 2: los reyes. Alfonso VII, the Infante Don Pedro de Aguilar (son of Alfonso XI), Sancho III, and Sancho IV are buried here.]

—iAdelante! murmuro en voz baja, y quiso andar y no pudo. Parecia que sus pies se habian clavado en el pavimento. Bajo los ojos, y sus cabellos se erizaron de horror: el suelo de la capilla lo formaban anchas y obscuras losas sepulcrales.

Por un momento creyo que una mano fria y descarnada le sujetaba en aquel punto con una fuerza invencible. Las moribundas lamparas, que brillaban en el fondo de las naves como estrellas perdidas entre las sombras, oscilaron a su vista, y oscilaron las estatuas de los sepulcros y las imagenes del altar, y oscilo el templo todo con sus arcadas de granito y sus machones de silleria.

—iAdelante! volvio a exclamar Pedro como fuera de si, y se acerco al ara, y trepando por ella subio hasta el escabel de la imagen. Todo alrededor suyo se revestia de formas quimericas y horribles; todo era tinieblas y luz dudosa, mas imponente aun que la obscuridad. Solo la Reina de los cielos, suavemente iluminada por una lampara de oro, parecia sonreir tranquila, bondadosa, y serena en medio de tanto horror.

Sin embargo, aquella sonrisa muda e inmovil que le tranquilizara[1] un instante, concluyo por infundirle temor; un temor mas extrano, mas profundo que el que hasta entonces habia sentido.

[Footnote 1: tranquilizara. See p.16, note 3.]

Torno empero a dominarse, cerro los ojos para no verla, extendio la mano con un movimiento convulsivo y le arranco la ajorca de oro, piadosa ofrenda de un santo arzobispo; la ajorca de oro cuyo valor equivalia a una fortuna.[2]

[Footnote 2: equivalia a una fortuna. The jewels of this Virgin, presents for the most part from crowned heads and high church dignitaries, are in fact of immense value.]

Ya la presea estaba en su poder: sus dedos crispados la oprimian con una fuerza sobrenatural, solo restaba huir, huir con ella: pero para esto era preciso abrir los ojos, y Pedro tenia miedo de ver, de ver la imagen, de ver los reyes de las sepulturas, los demonios de las cornisas, los endriagos de los capiteles, las fajas de sombras y los rayos de luz que semejantes a blancos y gigantescos fantasmas, se movian lentamente en el fondo de las naves, pobladas de rumores temerosos y extranos.

Al fin abrio los ojos, tendio una mirada, y un grito agudo se escapo de sus labios.

La catedral estaba llena de estatuas, estatuas que, vestidas con luengos y no vistos ropajes, habian descendido de sus huecos, y ocupaban todo el ambito de la iglesia, y le miraban con sus ojos sin pupila.

Santos, monjas, angeles, demonios, guerreros, damas, pajes, cenobitas y villanos, se rodeaban y confundian en las naves y en el altar. A sus pies oficiaban, en presencia de los reyes, de hinojos sobre sus tumbas, los arzobispos de marmol que el habia visto otras veces, inmoviles sobre sus lechos mortuorios, mientras que arrastrandose por las losas, trepando por los machones, acurrucados en los doseles, suspendidos de las bovedas, pululaban como los gusanos de un inmenso cadaver, todo un mundo de reptiles y alimanas de granito, quimericos, deformes, horrorosos.

Ya no pudo resistir mas. Las sienes le latieron con una violencia espantosa; una nube de sangre obscurecio sus pupilas, arrojo un segundo grito, un grito desgarrador y sobrehumano, y cayo desvanecido sobre el ara.

Cuando al otro dia los dependientes de la iglesia le encontraron al pie del altar, tenia aun la ajorca de oro entre sus manos, y al verlos aproximarse, exclamo con una estridente carcajada:

—iSuya, suya!

El infeliz estaba loco.



EL CRISTO DE LA CALAVERA[1]

[Footnote 1: See p. 70, note 1.]

El rey de Castilla[1] marchaba a la guerra de moros,[2] y para combatir con los enemigos de la religion habia apellidado en son de guerra a todo lo mas florido de la nobleza de sus reinos. Las silenciosas calles de Toledo[3] resonaban noche y dia con el marcial rumor de los atabales y los clarines, y ya en la morisca puerta de Visagra,[4] ya en la del Cambron,[5] en la embocadura del antiguo puente de San Martin,[6] no pasaba hora sin que se oyese el ronco grito de los centinelas, anunciando la llegada de algun caballero que, precedido de su pendon senorial y seguido de jinetes y peones, venia a reunirse al grueso del ejercito castellano.

[Footnote 1: See p. 34, note 1.]

[Footnote 2: moros = 'Moors.' The Arabs who conquered Mauritania in the Seventh century converted the native race to Mohammedanism, and it was this mixed population that entered Spain by Gibraltar in 71. There they remained in almost constant warfare with the Christians until they were finally defeated at Granada by the armies of Ferdinand and Isabella and driven from Spain in 1492.

Toledo was entered by the Christians under Alfonso VI in 1085. From this time on Christian arms began to prevail in the peninsula.]

[Footnote 3: Toledo. See p. 50, note 2.]

[Footnote 4: puerta de Visagra. The gate referred to here is the Puerta Visagra Antigua, an ancient Arab gate of the ninth century, a little to the west of the Puerta Visagra Actual, which latter was not built until 1550. The old Puerta Visagra is now blocked up. It was through this gateway that Alfonso VI entered Toledo. "The work is entirely Moorish, of the first period, heavy and simple, with the triple arches so delightfully curved in horseshoe shape, and the upper crenelated apertures." H. Lynch, Toledo, London, 1903, p. 297. Its name is probably from the Arabic, either from Bab Shaqra (red gate) or Bab Shara (field-gate).]

[Footnote 5: la del Cambron. The Puerta del Cambron is one of the three open gateways in the outer walls of Toledo to-day. "Entering the city by the Bridge of San Martin, you front the gate of the Cambron, so called from the brambles that grew about that small, charming, pinnacled edifice, which was built upon the spot of Wamba's old gate in Alfonso VI's time, and was then completely Moorish in style. In 1576 it was restored and took on its present half renaissance, half classical aspect." Ib., p. 295.]

[Footnote 6: Puente de San Martin. "The imposing Puente de San Martin, which spans the Tagus to the west of the town, was built in 1212 and renewed in 1390. It consists of five arches, that in the center being about 100 ft. in height Each end is guarded by a gate-tower.... The gorge of the Tagus here is very imposing." Baedeker, Spain and Portugal (1901), p. 150.]

El tiempo que faltaba para emprender el camino de la frontera y concluir de ordenar las huestes reales, discurria en medio de fiestas publicas, lujosos convites y lucidos torneos, hasta que, llegada al fin la vispera del dia senalado de antemano por S.A.[1] para la salida del ejercito, se dispuso un postrer sarao, con el que debieran terminar los regocijos.

[Footnote 1: S. A. Abbreviation for Su Alteza, 'His Highness,' a title given to the kings of Spain down to the Austrian dynasty, and now applied to princes and regents.]

La noche del sarao, el alcazar[1] de los reyes ofrecia un aspecto singular. En los anchurosos patios, alrededor de inmensas hogueras, y diseminados sin orden ni concierto, se veia una abigarrada multitud de pajes, soldados, ballesteros y gente menuda, quienes, estos aderezando sus corceles y sus armas y disponiendolos para el combate; aquellos saludando con gritos o blasfemias las inesperadas vueltas de la fortuna, personificad a en los dados del cubilete, los otros repitiendo en coro el refran de un romance de guerra, que entonaba un juglar acompanado de la guzla; los de mas alla comprando a un romero conchas,[2] cruces y cintas tocadas en el sepulcro de Santiago,[3] o riendo con locas carcajadas de los chistes de un bufon, o ensayando en los clarines el aire belico para entrar en la pelea, propio de sus senores, o refiriendo antiguas historias de caballerias o aventuras de amor, o milagros recientemente acaecidos, formaban un infernal y atronador conjunto imposible de pintar con palabras.

[Footnote 1: el alcazar. The Alcazar (Arab, al qacr, 'the castle') "stands on the highest ground in Toledo. The site was originally occupied by a Roman 'castellum' which the Visigoths also used as a citadel. After the capture of the city by Alfonso VI the Cid resided here as 'Alcaide.' Ferdinand the Saint and Alfonso the Learned converted the castle into a palace, which was afterwards enlarged and strengthened by John II, Ferdinand and Isabella, Charles V, and Philip II." (Baedeker, 1901, p. 152) It has been burned and restored several times. The magnificent staircase is due to Charles V, whose name the Alcazar sometimes bears.]

[Footnote 2: conchas = 'shells.' During the Middle Ages pilgrims often ornamented their clothing with shells, particularly with scallop-shells, to indicate doubtless that they had crossed the sea to the Holy Shrine in Palestine; for this reason the scallops were known as "pilgrim shells." See the Encyclopedia Americana ("Shell"). According to one of the legends the remains of St. James were brought to Spain in a scallop-shell; hence the use of that emblem by pilgrims to his sanctuary.]

[Footnote 3: Santiago = 'St. James,' the patron saint of Spain. A legend of about the twelfth century tells us that the remains of St. James the Greater, son of Zebedee, after he was beheaded in Judea, were miraculously brought to Spain and interred in a spot whose whereabouts was not known until in the ninth century a brilliant star pointed out the place ('campus stellae'). The cathedral of Santiago de Compostela was erected there, and throughout the Middle Ages it was one of the most popular pilgrim-resorts in Christendom.]

Sobre aquel revuelto oceano de cantares de guerra, rumor de martillos que golpeaban los yunques, chirridos de limas que mordian el acero, piafar de corceles, voces descompuestas, risas inextinguibles, gritos desaforados, notas destempladas, juramentos y sonidos extranos y discordes, flotaban a intervalos como un soplo de brisa armoniosa los lejanos acordes de la musica del sarao.

Este, que tenia lugar en los salones que formaban el segundo cuerpo del alcazar, ofrecia a su vez un cuadro, si no tan fantastico y caprichoso, mas deslumbrador y magnifico.

Por las extensas galerias que se prolongaban a lo lejos formando un intrincado laberinto de pilastras esbeltas y ojivas caladas y ligeras como el encaje, por los espaciosos salones vestidos de tapices, donde la seda y el oro habian representado, con mil colores diversos, escenas de amor, de caza y de guerra, y adornados con trofeos de armas y escudos, sobre los cuales vertian un mar de chispeante luz un sinnumero de lamparas y candelabros de bronce, plata y oro, colgadas aquellas de las altisimas bovedas, y enclavados estos en los gruesos sillares de los muros; por todas partes a donde se volvian los ojos, se veian oscilar y agitarse en distintas direcciones una nube de damas hermosas con ricas vestiduras, chapadas en oro, redes de perlas aprisionando sus rizos, joyas de rubies llameando sobre su seno, plumas sujetas en vaporoso cerco a un mango de marfil, colgadas del puno, y rostrillos de 'blancos encajes, que acariciaban sus mejillas, o alegres turbas de galanes con talabartes de terciopelo, justillos de brocado y calzas de seda, borceguies de tafilete, capotillos de mangas perdidas y caperuza, punales con pomo de filigrana y estoques de corte, brunidos, delgados y ligeros.

Pero entre esta juventud brillante y deslumbradora, que los ancianos miraban desfilar con una sonrisa de gozo, sentados en los altos sitiales de alerce que rodeaban el estrado real llamaba la atencion por su belleza incomparable, una mujer aclamada reina de la hermosura en todos los torneos y las cortes de amor de la epoca, cuyos colores habian adoptado por emblema los caballeros mas valientes; cuyos encantos eran asunto de las coplas de los trovadores mas versados en la ciencia del gay saber; a la que se volvian con asombro todas las miradas; por la que suspiraban en secreto todos los corazones, alrededor de la cual se veian agruparse con afan, como vasallos humildes en torno de su senora, los mas ilustres vastagos de la nobleza toledana, reunida en el sarao de aquella noche. Los que asistian de continuo a formar el sequito de presuntos galanes de dona Ines de Tordesillas, que tal era el nombre de esta celebrada hermosura, a pesar de su caracter altivo y desdenoso, no desmayaban jamas en sus pretensiones; y este, animado con una sonrisa que habia creido adivinar en sus labios; aquel, con una mirada benevola que juzgaba haber sorprendido en sus ojos; el otro, con una palabra lisonjera, un ligerisimo favor o una promesa remota, cada cual esperaba en silencio ser el preferido. Sin embargo, entre todos ellos habia dos que mas particularmente se distinguian por su asiduidad y rendimiento, dos que al parecer, si no los predilectos de la hermosa, podrian calificarse de los mas adelantados en el camino de su corazon. Estos dos caballeros, iguales en cuna, valor y nobles prendas, servidores de un mismo rey y pretendientes de una misma dama, llamabanse Alonso de Carrillo el uno, y el otro Lope de Sandoval.

Ambos habian nacido en Toledo; juntos habian hecho sus primeras armas, y en un mismo dia, al encontrarse sus ojos con los de dona Ines, se sintieron poseidos de un secreto y ardiente amor por ella, amor que germino algun tiempo retraido y silencioso, pero que al cabo comenzaba a descubrirse y a dar involuntarias senales de existencia en sus acciones y discursos.

En los torneos del Zocodover,[1] en los juegos florales de la corte, siempre que se les habia presentado coyuntura para rivalizar entre si en gallardia o donaire, la habian aprovechado con afan ambos caballeros, ansiosos de distinguirse a los ojos de su dama; y aquella noche, impelidos sin duda por un mismo afan, trocando los hierros por las plumas y las mallas por los brocados y la seda, de pie junto al sitial donde ella se reclino un instante despues de haber dado una vuelta por los salones, comenzaron una elegante lucha de frases enamoradas e ingeniosas, o epigramas embozados y agudos.

[Footnote 1: El Zocodover. A small, quaint, three-cornered plaza, with two sides straight and the third curved, surrounded by buildings with rough arcades shading the shops on the ground floor. It used to be the scene of tournaments and bull-fights, as well as being the market-place, as it is to-day. "The life of the city then (after the Christian conquest), as now, spread from the Zocodover, word of inexplicable charm, said to be Arabian and to signify 'Place of the Beasts.' Down the picturesque archway, cut in deep yellow upon such a blue as only southern Europe can show at all seasons, a few steps lead you to the squalid ruin where Cervantes slept, ate and wrote the Ilustre Fregona. So exactly must it have been in the day Cervantes suffered and smiled, offering to his mild glance just such a wretched and romantic front." H. Lynch, op. cit., pp. 119-120]

Los astros menores de esta brillante constelacion, formando un dorado semicirculo en torno de ambos galanes, reian y esforzaban las delicadas burlas; y la hermosa, objeto de aquel torneo de palabras, aprobaba con una imperceptible sonrisa los conceptos escogidos o llenos de intencion, que, ora salian de los labios de sus adoradores, como una ligera onda de perfume que halagaba su vanidad, ora partian como una saeta aguda que iba a buscar para clavarse en el, el punto mas vulnerable del contrario, su amor propio.

Ya el cortesano combate de ingenio y galanura comenzaba a hacerse de cada vez mas crudo; las frases eran aun corteses en la forma, pero breves, secas, y al pronunciarlas, si bien las acompanaba una ligera dilatacion de los labios, semejante a una sonrisa, los ligeros relampagos de los ojos imposibles de ocultar, demostraban que la colera hervia comprimida en el seno de ambos rivales.

La situacion era insostenible. La dama lo comprendio asi, y levantandose del sitial se disponia a volver a los salones, cuando un nuevo incidente vino a romper la valla del respetuoso comedimiento en que se contenian los dos jovenes enamorados. Tal vez con intencion, acaso por descuido, dona Ines habia dejado sobre su falda uno de los perfumados guantes, cuyos botones de oro se entretenia en arrancar uno a uno mientras duro la conversacion. Al ponerse de pie, el guante resbalo por entre los anchos pliegues de seda, y cayo en la alfombra. Al verle caer, todos los caballeros que formaban su brillante comitiva se inclinaron presurosos a recogerle,[1] disputandose el honor de alcanzar un leve movimiento de cabeza en premio de su galanteria.

[Footnote 1: le. This use of the accusative le instead of lo, when the object is not personal, is sanctioned by the Spanish Academy. See Gramatica de La Lengua Castellana por La Real Academia Espanola, nueva edicion, Madrid, 1901, p. 241.]

Al notar la precipitacion con que todos hicieron el ademan de inclinarse, una imperceptible sonrisa de vanidad satisfecha asomo a los labios de la orgullosa dona Ines, que despues de hacer un saludo general a los galanes que tanto empeno mostraban en servirla, sin mirar apenas y con la mirada alta y desdenosa, tendio la mano para recoger el guante en la direccion que se encontraban Lope y Alonso, los primeros que parecian haber llegado al sitio en que cayera.[1] En efecto, ambos jovenes habian visto caer el guante cerca de sus pies; ambos se habian inclinado con igual presteza a recogerle,[2] y al incorporarse cada cual le[2] tenia asido por un extremo. Al verlos inmoviles, desafiandose en silencio con la mirada, y decididos ambos a no abandonar el guante que acababan de levantar del suelo, la dama dejo escapar un grito leve e involuntario, que ahogo el murmullo de los asombrados espectadores, los cuales presentian una escena borrascosa, que en el alcazar y en presencia del rey podria calificarse de un horrible desacato.

[Footnote 1: cayera. See p. 16, note 3.]

[Footnote 2: le. See p. 66, note 1.]

No obstante, Lope y Alonso permanecian impasibles, mudos, midiendose con los ojos, de la cabeza a los pies, sin que la tempestad de sus almas se revelase mas que por un ligero temblor nervioso, que agitaba sus miembros como si se hallasen acometidos de una repentina fiebre.

Los murmullos y las exclamaciones iban subiendo de punto; la gente comenzaba a agruparse en torno de los actores de la escena; dona Ines, o aturdida o complaciendose en prolongarla, daba vueltas de un lado a otro, como buscando donde refugiarse y evitar las miradas de la gente, que cada vez acudia en mayor numero. La catastrofe era ya segura; los dos jovenes habian ya cambiado algunas palabras en voz sorda, y mientras que con la una mano sujetaban el guante con una fuerza convulsiva, parecian ya buscar instintivamente con la otra el puno de oro de sus dagas, cuando se entreabrio respetuosamente el grupo que formaban los espectadores, y aparecio el Rey.

Su frente estaba serena; ni habia indignacion en su rostro, ni colera en su ademan.

Tendio una mirada alrededor, y esta sola mirada fue bastante para darle a conocer lo que pasaba. Con toda la galanteria del doncel mas cumplido, tomo el guante de las manos de los caballeros que, como movidas por un resorte, se abrieron sin dificultad al sentir el contacto de la del monarca, y volviendose a dona Ines de Tordesillas que, apoyada en el brazo de una duena,[1] parecia proxima a desmayarse, exclamo, presentandolo, con acento, aunque templado, firme:

[Footnote 1: duena = 'duenna,' an elderly woman who occupies a position midway between that of governess and companion to young Spanish women.]

—Tomad, senora, y cuidad de no dejarle[1] caer en otra ocasion, donde al devolverosle,[2] os lo devuelvan manchado en sangre.

[Footnote 1: le. See p. 66, note 1.]

[Footnote 2: le. See p. 66, note 1.]

Cuando el rey termino de decir estas palabras, dona Ines, no acertaremos a decir si a impulsos de la emocion, o por salir mas airosa del paso, se habia desvanecido en brazos de los que la rodeaban.

Alonso y Lope, el uno estrujando en silencio entre sus manos el birrete de terciopelo, cuya pluma arrastraba por la alfombra, y el otro mordiendose los labios hasta hacerse brotar la sangre, se clavaron una mirada tenaz e intensa.

Una mirada en aquel lance equivalia a un bofeton, a un guante arrojado al rostro, a un desafio a muerte.



II

Al llegar la media noche, los reyes se retiraron a su camara. Termino el sarao y los curiosos de la plebe que aguardaban con impaciencia este momento, formando grupos y corrillos en las avenidas del palacio, corrieron a estacionarse en la cuesta del alcazar,[1] los miradores[2] y el Zocodover.

[Footnote 1: la cuesta del alcazar. This is the name of the street that leads from the Zocodover up to the height on which is situated the Alcazar (see p. 61, note 3).]

[Footnote 2: miradores. See p. 51 note 2.]

Durante una o dos horas, en las calles inmediatas a estos puntos reino un bullicio, una animacion y un movimiento indescriptibles. Por todas partes se veian cruzar escuderos caracoleando en sus corceles ricamente enjaezados; reyes de armas con lujosas casullas llenas de escudos y blasones: timbaleros vestidos de colores vistosos, soldados cubiertos de armaduras resplandecientes, pajes con capotillos de terciopelo y birretes coronados de plumas, y servidores de a pie que precedian las lujosas literas y las andas cubiertas de ricos panos, llevando en sus manos grandes hachas encendidas, a cuyo rojizo resplandor podia verse a la multitud, que con cara atonita, labios entreabiertos y ojos espantados, miraba desfilar con asombro a todo lo mejor de la nobleza castellana, rodeada en aquella ocasion de un fausto y un esplendor fabulosos.

Luego, poco a poco fue cesando el ruido y la animacion; los vidrios de colores de las altas ojivas del palacio dejaron de brillar; atraveso por entre los apinados grupos la ultima cabalgata; la gente del pueblo a su vez comenzo a dispersarse en todas direcciones, perdiendose entre las sombras del enmaranado laberinto de calles obscuras, estrechas y torcidas,[1] y ya no turbaba el profundo silencio de la noche mas que el grito lejano de vela de algun guerrero, el rumor de los pasos de algun curioso que se retiraba el ultimo, o el ruido que producian las aldabas de algunas puertas al cerrarse, cuando en lo alto de la escalinata que conducia a la plataforma del palacio aparecio un caballero, el cual, despues de tender la vista por todos lados como buscando a alguien que debia esperarle, descendio lentamente hasta la cuesta del alcazar, por la que se dirigie hacia el Zocodover.

[Footnote 1: torcidas. See p. 50, note 2.]

Al llegar a la plaza de este nombre se detuvo un momento, y volvio a pasear la mirada a su alrededor. La noche estaba obscura; no brillaba una sola estrella en el cielo, ni en toda la plaza se veia una sola luz; no obstante, alla a lo lejos, y en la misma direccion en que comenzo a percibirse un ligero ruido como de pasos que iban aproximandose, creyo distinguir el bulto de un hombre: era sin duda el mismo a quien parecia[1] aguardaba con tanta impaciencia.

[Footnote 1: parecia is parenthetic in sense as used here.]

El caballero que acababa de abandonar el alcazar para dirigirse al Zocodover era Alonso Carrillo, que en razon al puesto de honor que desempenaba cerca de la persona del rey, habia tenido que acompanarle en su camara hasta aquellas horas. El que saliendo de entre las sombras de los arcos[1] que rodean la plaza vino a reunirsele, Lope de Sandoval. Cuando los dos caballeros se hubieron reunido, cambiaron algunas frases en voz baja.

[Footnote 1: arcos. See p. 64, note 1.]

—Presumi que me aguardabas, dijo el uno.

—Esperaba que lo presumirias, contesto el otro.

—Y ?a donde iremos?

—A cualquiera parte en que se puedan hallar cuatro palmos de terreno donde revolverse, y un rayo de claridad que nos alumbre.

Terminado este brevisimo dialogo, los dos jovenes se internaron por una de las estrechas calles que desembocan en el Zocodover, desapareciendo en la obscuridad como esos fantasmas de la noche, que despues de aterrar un instante al que los ve, se deshacen en atomos de niebla y se confunden en el seno de las sombras.

Largo rato anduvieron dando vueltas a traves de las calles de Toledo, buscando un lugar a proposito para terminar sus diferencias; pero la obscuridad de la noche era tan profunda, que el duelo parecia imposible. No obstante, ambos deseaban batirse, y batirse antes que rayase el alba; pues al amanecer debian partir las huestes reales, y Alonso con ellas. Prosiguieron, pues, cruzando al azar plazas desiertas, pasadizos sombrios, callejones estrechos y tenebrosos, hasta que por ultimo, vieron brillar a lo lejos una luz, una luz pequena y moribunda, en torno de la cual la niebla formaba un cerco de claridad fantastica y dudosa.

Habian llegado a la calle del Cristo,[1] y la luz que se divisaba en uno de sus extremes parecia ser la del farolillo que alumbraba en aquella epoca, y alumbra aun, a la imagen que le da su nombre. Al verla, ambos dejaron escapar una exclamacion de jubilo, y apresurando el paso en su direccion, no tardaron mucho en encontrarse junto al retablo en que ardia. Un arco rehundido en el muro, en el fondo del cual se veia la imagen del Redentor enclavado en la cruz y con una calavera al pie; un tosco cobertizo de tablas que lo defendia de la intemperie, y el pequeno farolillo colgado de una cuerda que lo iluminaba debilmente, vacilando al impulse del aire, formaban todo el retablo, alrededor del cual colgaban algunos festones de hiedra que habian crecido entre los obscuros y rotos sillares, formando una especie de pabellon de verdura.

[Footnote 1: la calle del Cristo. The street mentioned here is one known up to the year 1864 as la Calle del Cristo de la Calavera or la Calle de la Calavera, but which bears to-day the name of la Cuesta del Pez. It terminates near a little square which is called to-day Plazuela de Abdon de Paz, but which earlier bore the name of Plazuela de la Cruz de la Calavera. Miraculous tales are related of several of the images of Christ in Toledo, of the Cristo de la Luz, of the Cristo de la Vega, and others, as well as of the image we have to deal with here.]

Los caballeros, despues de saludar respetuosamente la imagen de Cristo, quitandose los birretes y murmurando en voz baja una corta oracion, reconocieron el terreno con una ojeada, echaron a tierra sus mantos, y apercibiendose mutuamente para el combate y dandose la senal con un leve movimiento de cabeza, cruzaron los estoques. Pero apenas se habian tocado los aceros y antes que ninguno de los combatientes hubiese podido dar un solo paso o intentar un golpe, la luz se apago[1] de repente y la calle quedo sumida en la obscuridad mas profunda. Como guiados de un mismo pensamiento y al verse rodeados de repentinas tinieblas, los dos combatientes dieron un paso atras, bajaron al suelo las puntas de sus espadas y levantaron los ojos hacia el farolillo, cuya luz, momentos antes apagada, volvio a brillar de nuevo al punto en que hicieron ademan de suspender la pelea.

[Footnote 1: la luz se apago. Espronceda describes effectively a similar miraculous extinguishing and relighting of a lamp before a shrine, in Part IV of his Estudiante de Salamanca:

La moribunda lampara que ardia Tremula lanza su postrer fulgor, Y en honda obscuridad, noche sombria La misteriosa calle encapoto.

Al pronunciar tan insolente ultraje La lampara del Cristo se encendio: Y una mujer velada en blanco traje, Ante la imagen de rodillas vio.

Y al rostro la acerca, que el candido lino Encubre, con animo asaz descortes; Mas la luz apaga viento repentino, Y la blanca dama se puso de pie. ]

—Sera alguna rafaga de aire que ha abatido la llama al pasar, exclamo Carrillo volviendo a ponerse en guardia, y previniendo con una voz a Lope, que parecia preocupado.

Lope dio un paso adelante para recuperar el terreno perdido, tendio el brazo y los aceros se tocaron otra vez; mas al tocarse, la luz se torno a apagar por si misma, permaneciendo asi mientras no se separaron los estoques.

—En verdad que esto es extrano, murmuro Lope mirando al farolillo, que espontaneamente habia vuelto a encenderse, y se mecia con lentitud en el aire, derramando una claridad tremula y extrana sobre el amarillo craneo de la calavera colocada a los pies de Cristo.

—iBah! dijo Alonso, sera que la beata encargada de cuidar del farol del retablo sisa a los devotos y escasea el aceite, por lo cual la luz, proxima a morir, luce y se obscurece a intervalos en senal de agonia; y dichas estas palabras, el impetuoso joven torno a colocarse en actitud de defensa. Su contrario le imito; pero esta vez, no tan solo volvio a rodearlos una sombra espesisima e impenetrable, sino que al mismo tiempo hirio sus oidos el eco profundo de una voz misteriosa, semejante a esos largos gemidos del vendaval que parece que se queja y articula palabras al correr aprisionado por las torcidas, estrechas y tenebrosas calles de Toledo.

Que dijo aquella voz medrosa y sobrehumana, nunca pudo saberse; pero al oirla ambos jovenes se sintieron poseidos de tan profundo terror, que las espadas se escaparon de sus manos, el cabello se les erizo, y por sus cuerpos, que estremecia un temblor involuntario, y por sus frentes palidas y descompuestas, comenzo a correr un sudor frio como el de la muerte.

La luz, por tercera vez apagada, por tercera vez volvio a resucitar, y las tinieblas se disiparon.

—iAh! exclamo Lope al ver a su contrario entonces, y en otros dias su mejor amigo, asombrado como el, y como el palido e inmovil; Dios no quiere permitir este combate, porque es una lucha fratricida; porque un combate entre nosotros ofende al cielo, ante el cual nos hemos jurado cien veces una amistad eterna. Y esto diciendo se arrojo en los brazos de Alonso, que le estrecho entre los suyos con una fuerza y una efusion indecibles.



III

Pasados algunos minutos, durante los cuales ambos jovenes se dieron toda clase de muestras de amistad y carino, Alonso tomo la palabra, y con acento conmovido aun por la escena que acabamos de referir, exclamo, dirigiendose a su amigo:

—Lope, yo se que amas a dona Ines; ignoro si tanto como yo, pero la amas. Puesto que un duelo entre nosotros es imposible, resolvamonos a encomendar nuestra suerte en sus manos. Vamos en su busca; que ella decida con libre albedrio cual ha de ser el dichoso, cual el infeliz. Su decision sera respetada por ambos, y el que no merezca sus favores manana saldra con el rey de Toledo, e ira a buscar el consuelo del olvido en la agitacion de la guerra.

—Pues tu lo quieres, sea; contesto Lope.

Y el uno apoyado en el brazo del otro, los dos amigos se dirigieron hacia la catedral,[1] en cuya plaza,[2] y en un palacio del que ya no quedan ni aun los restos, habitaba dona Ines de Tordesillas.

[Footnote 1: la catedral. See p. 55, note 1.]

[Footnote 2: plaza. There is a small square in front of the cathedral, called to-day the Plaza de (or del) Ayuntamiento.]

Estaba a punto de rayar el alba, y como algunos de los deudos de dona Ines, sus hermanos entre ellos, marchaban al otro dia con el ejercito real, no era imposible que en las primeras horas de la manana pudiesen penetrar en su palacio.

Animados con esta esperanza, llegaron, en fin, al pie de la gotica torre[1] del templo; mas al llegar a aquel punto, un ruido particular llamo su atencion, y deteniendose en uno de los angulos, ocultos entre las sombras de los altos machones que flanquean los muros, vieron, no sin grande asombro, abrirse el balcon del palacio de su dama, aparecer en el un hombre que se deslizo hasta el suelo con la ayuda de una cuerda, y, por ultimo, una forma blanca, dona Ines sin duda, que inclinandose sobre el calado antepecho, cambio algunas tiernas frases de despedida con su misterioso galan.

[Footnote 1: la gotica torre. See p. 55, note i.]

El primer movimiento de los dos jovenes fue llevar las manos al puno de sus espadas; pero deteniendose como heridos de una idea subita, volvieron los ojos a mirarse, y se hubieron de encontrar con una cara de asombro tan comica, que ambos prorrumpieron en una ruidosa carcajada, carcajada que, repitiendose de eco en el silencio de la noche, resono en toda la plaza y llego hasta el palacio.

Al oirla, la forma blanca desaparecio del balcon, se escucho el ruido de las puertas que se cerraron con violencia, y todo volvio a quedar en silencio.

Al dia siguiente, la reina, colocada en un estrado lujosisimo, veia desfilar las huestes que marchaban a la guerra de moros, teniendo a su lado las damas mas principales de Toledo. Entre ellas estaba dona Ines de Tordesillas, en la que aquel dia, como siempre, se fijaban todos los ojos; pero segun a ella le parecia advertir, con diversa expresion que la de costumbre. Diriase que en todas las curiosas miradas que a ella se volvian, retozaba una sonrisa burlona.

Este descubrimiento no dejaba de inquietarla algo, sobre todo teniendo en cuenta las ruidosas carcajadas que la noche anterior habia creido percibir a lo lejos y en uno de los angulos de la plaza, cuando cerraba el balcon y despedia a su amante; pero al mirar aparecer entre las filas de los combatientes, que pasaban por debajo del estrado lanzando chispas de fuego de sus brillantes armaduras, y envueltos en una nube de polvo, los pendones reunidos de las casas de Carrillo y Sandoval; al ver la significativa sonrisa que al saludar a la reina le dirigieron los dos antiguos rivales que cabalgaban juntos, todo lo adivino, y la purpura de la vergueenza enrojecio su frente, y brillo en sus ojos una lagrima de despecho.



EL BESO

I

Cuando una parte del ejercito frances se apodero a principios de este siglo[1] de la historica Toledo,[2] sus jefes, que no ignoraban el peligro a que se exponian en las poblaciones espanolas diseminandose en alojamientos separados, comenzaron por habilitar para cuarteles los mas grandes y mejores edificios de la ciudad.

[Footnote 1: una parte... siglo. The French armies of Napoleon entered Spain in 1808. Joseph Bonaparte was declared king, but the opposition of Spain was most heroic, and in 1814 the French were expelled. They made great havoc in Toledo, where among other desecrations they burned the Alcazar (now restored) and the convent church of San Juan de los Reyes.]

[Footnote 2: Toledo. See p. 50, note 2.]

Despues de ocupado el suntuoso alcazar[1] de Carlos V, [Footnote:2] echose mano de la casa de Consejos;[3] y cuando esta no pudo contener mas gente, comenzaron a invadir el asilo de las comunidades religiosas, acabando a la postre por transformar en cuadras hasta las iglesias consagradas al culto. En esta conformidad se encontraban las cosas en la poblacion donde tuvo lugar el suceso que voy a referir, cuando, una noche, ya a hora hastante avanzada, envueltos en sus obscures capotes de guerra y ensordeciendo las estrechas y solitarias calles que conducen desde la Puerta del Sol[4] a Zocodover,[5] con el choque de sus armas y el ruidoso golpear de los cascos de sus corceles que sacaban chispas de los pedernales, entraron en la ciudad hasta unos cien dragones de aquellos altos, arrogantes y fornidos, de que todavia nos hablan con admiracion nuestras abuelas.

[Footnote 1: alcazar. See p. 61, note 3.]

[Footnote 2: Carlos V. Charles V, the son of Philip of Burgundy by Joanna (daughter of Ferdinand and Isabella), and grandson of the emperor Maximilian 1, was bom at Ghent, Flanders, February 24,1500, and died in the monastery of Yuste, Estremadura, Spain, September 21, 1558. He became king of Spain (as Charles 1) in 1516, and emperor in 1520. In 1556 he abdicated the government of the former in favor of his son Philip II, and of the latter in favor of his brother Ferdinand I.]

[Footnote 3: la casa de Consejos. The Casa de Consejos ('City Hall'), Casa Consistorial, or Ayuntamiento, by which various names it is known, is a building erected in the fifteenth century and remodeled in the seventeenth. It has a handsome Greco-Roman facade in striking' contrast with the Gothic architecture of the cathedral, which stands upon the same plaza (see p. 73, note 2).]

[Footnote 4: la Puerta del Sol. A charming old Moorish gateway with horseshoe arches between two towers, built about 1100, and recently restored. It is one of the most impressive and beautiful of Toledo's monuments.]

[Footnote 5: Zocodover. See p. 64, note 1.]

Mandaba la fuerza un oficial bastante joven, el cual iba como a distancia de unos treinta pasos de su gente hablando a media voz con otro, tambien militar a lo que podia colegirse por su traje. Este, que caminaba a pie delante de su interlocutor, llevando en la mano un farolillo, parecia servirle de guia por entre aquel laberinto de calles obscuras, enmaranadas y revueltas.

—Con verdad, decia el jinete a su acompanante, que si el alojamiento que se nos prepara es tal y como me lo pintas, casi casi seria preferible arrancharnos en el campo o en medio de una plaza.

—?Y que quereis, mi capitan? contestole el guia que efectivamente era un sargento aposentador; en el alcazar no cabe ya un grano de trigo cuanto mas un hombre; de San Juan de los Reyes[1] no digamos, porque hay celda de fraile en la que duermen quince husares. El convento a donde voy a conduciros no era mal local, pero hara cosa de tres o cuatro dias nos cayo aqui como de las nubes ima de las columnas volantes que recorren la provincia, y gracias que hemos podido conseguir que se amontonen por los claustros y dejen libre la iglesia.

[Footnote 1: San Juan de los Reyes. This convent was founded in 1476 by Ferdinand and Isabella, who meant it to be their burial-place, and was dedicated to their patron saint John the Baptist. "After the capture of Granada in 1492 and the foundation of the royal mausoleum there, the chief object of San Juan disappeared and the building was protracted till the seventeenth century. Thus the edifice, begun in the late Gothic style, shows a strong leaning towards the forms of the Renaissance. The interior was much damaged by the French in 1808." Baedeker's Spain (1901), p. 147.]

—En fin, exclamo el oficial despues de un corto silencio y como resignandose con el extrano alojamiento que la casualidad le deparaba,—mas vale incomodo que ninguno. De todas maneras, si llueve, que no sera dificil segun se agrupan las nubes, estaremos a cubierto y algo es algo.

Interrumpida la conversacion en este punto, los jinetes, precedidos del guia, siguieron en silencio el camino adelante hasta llegar a una plazuela, en cuyo fondo se destacaba la negra silueta del convento con su torre morisca, su campanario de espadana, su cupula ojival y sus tejados de crestas desiguales y obscuras.

—He aqui vuestro alojamiento, exclamo el aposentador al divisarle y dirigiendose al capitan, que despues que hubo mandado hacer alto a la tropa, ecbo pie a tierra, tomo el farolillo de manos del guia, y se dirigio hacia el punto que este le senalaba.

Como quiera que la iglesia del convento estaba completamente desmantelada, los soldados que ocupaban el resto del edificio habian creido que las puertas le eran ya poco menos que inutiles, y un tablero hoy, otro manana, habian ido arrancandolas pedazo a pedazo para hacer hogueras con que calentarse por las noches.

Nuestro joven oficial no tuvo, pues, que torcer Haves ni descorrer cerrojos para penetrar en el interior del templo.

A la luz del farolillo, cuya dudosa claridad se perdia entre las espesas sombras de las naves y dibujaba con gigantescas proporciones sobre el muro la fantastica sombra del sargento aposentador que iba precediendole, recorrio la iglesia de arriba abajo y escudrino una por una todas sus desiertas capillas, hasta que una vez hecho cargo del local, mando echar pie a tierra a su gente, y hombres y caballos revueltos, fue acomodandola como mejor pudo.

Segun dejamos dicho, la iglesia estaba completamente desmantelada; en el altar mayor pendian aun de las alias cornisas los rotos jirones del velo con que le habian cubierto los religiosos al abandonar aquel recinto; diseminados por las naves veianse algunos retablos adosados al muro, sin imagenes en las hornacinas; en el coro se 'dibujaban con un ribete de luz los extranos perfiles de la obscura silleria de alerce; en el pavimento, destrozado en varies puntos, distinguianse aun anchas losas sepulcrales llenas de timbres, escudos y largas inscripciones goticas; y alla a lo lejos, en el fondo de las silenciosas capillas y a lo largo del crucero, se destacaban confusamente entre la obscuridad, semejantes a blancos e inmoviles fantasmas, las estatuas de piedra que, unas tendidas, otras de hinojos sobre el marmol de sus tumbas, parecian ser los unicos habitantes del ruinoso edificio.

A cualquiera otro menos molido que el oficial de dragones, el cual traia una jornada de catorce leguas en el cuerpo, o menos acostumbrado a ver estos sacrilegios como la cosa mas natural del mundo, hubieranle bastado dos adarmes de imaginacion para no pegar los ojos en toda la noche en aquel obscuro e imponente recinto, donde las blasfemias de los soldados que se quejaban en alta voz del improvisado cuartel, el metalico golpe de sus espuelas que resonaban sobre las antes losas sepulcrales del navimento, el ruido de los caballos que piafaban impacientes, cabeceando y haciendo sonar las cadenas con que estaban sujetos a los pilares, formaban un rumor extrano y temeroso que se dilataba por todo el ambito de la iglesia y se reproducia cada vez mas confuso repetido de eco en eco en sus alias bovedas.

Pero nuestro heroe, aunque joven, estaba ya tan familiarizado con estas peripecias de la vida de campana, que apenas hubo acomodado a su gente, mando colocar un saco de forraje al pie de la grada del presbiterio, y arrebujandose como mejor pudo en su capote y echando la cabeza en el escalon, a los cinco minutos roncaba con mas tranquilidad que el mismo rey Jose[1] en su palacio de Madrid.[2]

[Footnote 1: rey Jose. Joseph Bonaport. See p. 76, note 1.]

[Footnote 2: Madrid. The capital of Spain and of the province of Madrid, situated on the Manzanares, and nearly in the geographical center of Spain. Population some 540,000. The royal palace, begun in 1737, is an imposing rectangular structure on a lofty terrace overlooking the Manzanares.]

Los soldados, haciendose almohadas de las monturas, imitaron su ejemplo, y poco a poco fue apagandose el murmullo de sus voces.

A la media hora solo se oian los ahogados gemidos del aire que entraba por las rotas vidrieras de las ojivas del templo, el atolondrado revolotear de las aves nocturnas que tenian sus nidos en el dosel de piedra de las esculturas de los muros, y el alternado rumor de los pasos del vigilante que se paseaba envuelto en los anchos pliegues de su capote, a lo largo del portico.



II

En la epoca a que se remonta la relacion de esta historia, tan veridica como extraordinaria, lo mismo que al presente, para los que no sabian apreciar los tesoros del arte que encierran sus muros la ciudad de Toledo no era mas que un poblacon destartalado, antiguo, ruinoso e insufrible.

Los oficiales del ejercito frances, que a juzgar por los actos de vandalismo[1] con que dejaron en ella triste y perdurable memoria de su ocupacion, de todo tenian menos de artistas o arqueologos, no hay para que decir que se fastidiaban soberanamente en la vetusta ciudad de los Cesares.[2]

[Footnote 1: vandalismo. See p. 76, note 1.]

[Footnote 2: ciudad de los Cesares. See p. 50, note 2, and p. 52, note 1.]

En esta situacion de animo, la mas insignificante novedad que viniese a romper la monotona quietud de aquellos dias eternos e iguales, era acogida con avidez entre los ociosos; asi es que la promocion al grado inmediato de uno de sus camaradas, la noticia del movimiento estrategico de una columna volante, la salida de un correo de gabinete, o la llegada de una fuerza cualquiera a la ciudad, convertianse en tema fecundo de conversacion y objeto de toda clase de comentarios, hasta tanto que otro incidente venia a sustituirle,[1] sirviendo de base a nuevas quejas, criticas y suposiciones.

[Footnote 1: sustituirle. See p. 66, note 1.]

Como era de esperar, entre los oficiales que, segun tenian de costumbre, acudieron al dia siguiente a tomar el sol y a charlar un rato en el Zocodover, no se hizo platillo de otra cosa que de la llegada de los dragones, cuyo jefe dejamos en el anterior capitulo durmiendo a pierna suelta y descansando de las fatigas de su viaje. Cerca de una hora hacia que la conversacion giraba alrededor de este asunto, y ya comenzaba a interpretarse de diversos modos la ausencia del recien venido, a quien uno de los presentes, antiguo companero suyo de colegio, habia citado para el Zocodover, cuando en una de las boca-calles de la plaza aparecio al fin nuestro bizarro capitan despojado de su ancho capoton de guerra, luciendo un gran casco de metal con penacho de plumas blancas, una casaca azul turqui con vueltas rojas y un magnifico mandoble con vaina de acero, que resonaba arrastrandose al compas de sus marciales pasos y del golpe seco y agudo de sus espuelas de oro.

Apenas le vio su camarada, salio a su encuentro para saludarle, y con el se adelantaron casi todos los que a la sazon se encontraban en el corrillo; en quienes habian despertado la curiosidad y la gana de conocerle, los pormenores que ya habian oido referir acerca de su caracter original y extrano.

Despues de los estrechos abrazos de costumbre y de las exclamaciones, placemes y preguntas de rigor en estas entrevistas; despues de hablar largo y tendido sobre las novedades que andaban por Madrid, la varia fortuna de la guerra y los amigotes muertos o ausentes, rodando de uno en otro asunto la conversacion, vino a parar al tema obligado, esto es, las penalidades del servicio, la falta de distracciones de la ciudad y el inconveniente de los alojamientos.

Al llegar a este punto, uno de los de la reunion que, por lo visto, tenia noticia del mal talante con que el joven oficial se habia resignado a acomodar su gente en la abandonada iglesia, le dijo con aire de zumba:

—Y a proposito de alojamiento, ?que tal se ha pasado la noche en el que ocupais?

—Ha habido de todo, contesto el interpelado; pues si bien es verdad que no he dormido gran cosa, el origen de mi vigilia merece la pena de la velada. El insomnio junto a una mujer bonita no es seguramente el peor de los males.

—iUna mujer! repitio su interlocutor como admirandose de la buena fortuna del recien venido; eso es lo que se llama llegar y besar el santo.

—Sera tal vez algun antiguo amor de la corte que le sigue a Toledo para hacerle mas soportable el ostracismo, anadio otro de los del grupo.

—iOh! no, dijo entonces el capitan; nada menos que eso. Juro, a fe de quien soy, que no la conocia y que nunca crei hallar tan bella patrona en tan incomodo alojamiento. Es todo lo que se llama una verdadera aventura.

—iContadla! icontadla! exclamaron en coro los oficiales que rodeaban al capitan; y como este se dispusiera a hacerlo asi, todos prestaron la mayor atencion a sus palabras, mientras el comenzo la historia en estos terminos:

—Dormia esta noche pasada como duerme un hombre que trae en el cuerpo trece[1] leguas de camino, cuando he aqui que en lo mejor del sueno me hizo despertar sobresaltado e incorporarme sobre el codo un estruendo horrible, un estruendo tal, que me ensordecio un instante para dejarme despues los oidos zumbando cerca de un minuto, como si un moscardon me cantase a la oreja.

[Footnote 1: trece = 'thirteen.' Our author has told us on p. 79 that it was catorce ('fourteen').]

Como os habras figurado, la causa de mi susto era el primer golpe que oia de esa endiablada campana gorda,[1] especie de sochantre de bronce, que los canonigos de Toledo han colgado en su catedral con el laudable proposito de matar a disgustos a los necesitados de reposo.

[Footnote 1: campana gorda = 'great bell.' The famous Campana Gorda, weighing nearly two tons, was cast by Alejandro Gargollo in 1753. It hangs in the cathedral tower surrounded by eight other bells, and surmounted by two more.]

Renegando entre dientes de la campana y del campanero que la toca, disponiame, una vez apagado aquel insolito y temeroso rumor, a coger nuevamente el hilo del interrumpido sueno, cuando vino a herir mi imaginacion y a ofrecerse ante mis ojos una cosa extraordinaria. A la dudosa luz de la luna que entraba en el templo por el estrecho ajimez del muro de la capilla mayor, vi una mujer arrodillada junto al altar.

Los oficiales se miraron entre si con expresion entre asombrada e incredula; el capitan, sin atender al efecto que su narracion producia, continuo de este modo:

—No podeis figuraros nada semejante a aquella nocturna y fantastica vision que se dibujaba confusamente en la penumbra de la capilla como esas virgenes pintadas en los vidrios de colores que habreis visto alguna vez destacarse a lo lejos, blancas y luminosas, sobre el obscuro fondo de las catedrales.

Su rostro ovalado, en donde se veia impreso el sello de una leve y espiritual demacracion, sus armoniosas facciones llenas de una suave y melancolica dulzura; su intensa palidez, las purisimas lineas de su contorno esbelto, su ademan reposado y noble, su traje blanco y flotante, me traian a la memoria esas mujeres que yo sonaba cuando casi era un nino. iCastas y celestes imagenes, quimerico objeto del vago amor de la adolescencia! Yo me creia juguete de una alucinacion, y sin quitarle un punto los ojos, ni aun osaba respirar, temiendo que un soplo desvaneciese el encanto. Ella permanecia inmovil.

Antojabaseme al verla tan diafana y luminosa que no era una criatura terrenal, sino un espiritu que, revistiendo por un instante la forma humana, habia descendido en el rayo de la luna, dejando en el aire y en pos de si la azulada estela que desde el alto ajimez bajaba verticalmente hasta el pie del opuesto muro, rompiendo la obscura sombra de aquel recinto lobrego y misterioso.

—Pero ... exclamo interrumpiendole su camarada de colegio, que, comenzando por echar a broma la historia, habia concluido interesandose con su relato: ?como estaba alli aquella mujer? ?No la[1] dijiste nada? ?No te explico su presencia en aquel sitio?

[Footnote 1: la. See p. 20, note 2.]

—No me determine a hablarla,[1] porque estaba seguro de que no habia de contestarme, ni verme ni oirme.

[Footnote 1: la. See p. 20, note 2.]

—?Era sorda?

—?Era ciega?

—?Era muda? exclamaron a un tiempo tres o cuatro de los que escuchaban la relacion.

—Lo era todo a la vez, exclame al fin el capitan despues de un momento de pausa; porque era... de marmol. Al oir el estupendo desenlace de tan extraiia aventura, cuantos habia en el corro prorrumpieron en una ruidosa carcajada, mientras uno de ellos dijo al narrador de la peregrina historia, que era el unico que permanecia callado y en una grave actitud:

—iAcabaramos de una vez! Lo que es de ese genero, tengo yo mas de un millar, un verdadero serrallo, en San Juan de los Reyes; serrallo que desde ahora pongo a vuestra disposicion, ya que, a lo que parece, tanto os da de una mujer de carne como de piedra.

—iOh! no ... continuo el capitan, sin alterarse en lo mas minimo por las carcajadas de sus companeros: estoy seguro de que no pueden ser como la mia. La mia es una verdadera dama castellana que por un milagro de la escultura parece que no la han enterrado en un sepulcro, sino que aun permanece en cuerpo y alma de hinojos sobre la losa que le cubre, inmovil, con las manos juntas en ademan suplicante, sumergida en un extasis de mistico amor.

—De tal modo te explicas, que acabaras por probarnos la verosimilitud de la fabula de Galatea.[1]

[Footnote 1: Galatea. In the story told by Ovid (Met. x. 243) Pygmalion, king of Cyprus, conceived an aversion to women, and devoted himself to art, but having made in ivory a lovely statue of a woman he became enamored of it, and at his request Aphrodite endowed it with life. This beautiful woman, Galatea, became his wife, and bore him a son called Paphos, founder of the city of that name in Cyprus.]

—Por mi parte, puedo deciros que siempre la crei una locura; mas desde anoche comienzo a comprender la pasion del escultor griego.

—Dadas las especiales condiciones de tu nueva dama, creo que, no tendras inconveniente en presentarnos a ella. De mi se decir que ya no vivo hasta ver esa maravilla. Pero ... ?que diantres te pasa? ... diriase que esquivas la presentacion. iJa! ija! ija! Bonito fuera que ya te tuvieramos hasta celoso.

—Celoso, se apresuro a decir el capitan, celoso ... de los hombres no ... mas ved, sin embargo, hasta donde llega mi extravagancia. Junto a la imagen de esa mujer, tambien de marmol, grave y al parecer con vida como ella, hay un guerrero, ... su marido sin duda.... Pues bien ... lo voy a decir todo, aunque os mofeis de mi necedad ... si no hubiera temido que me tratasen de loco, creo que ya lo habria hecho cien veces pedazos.

Una nueva y aun mas ruidosa carcajada de los oficiales saludo esta original revelacion del estrambotico enamorado de la dama de piedra.

—Nada, nada; es preciso que la veamos, decian los unos.

—Si, si, es preciso saber si el objeto corresponde a tan alta pasion, anadian los otros.

—?Cuando nos reuniremos a echar un trago en la iglesia en que os alojais? exclamaron los demas.

—Cuando mejor os parezca: esta misma noche si quereis, respondio el joven capitan, recobrando su habitual sonrisa, disipada un instante por aquel relampago de celos.—A proposito. Con los bagajes he traido hasta un par de docenas de botellas de Champagne, verdadero Champagne, restos de un regalo hecho a nuestro general de brigada, que, como sabeis, es algo pariente.

iBravo! ibravo! exclamaron los oficiales a una voz, prorrumpiendo en alegres exclamaciones.

—iSe bebera vino del pais![1]

[Footnote 1: vino del pais = 'wine from home,' 'wine from our own country.']

—iY cantaremos una cancion de Ronsard![1]

[Footnote 1: Ronsard. A celebrated French poet of the sixteenth century (b. 1524, d. 1585) and father of lyric poetry in France.]

—Y hablaremos de mujeres, a proposito de la dama del anfitrion.

—Conque ... ihasta la noche!

—Hasta la noche.



III

Ya hacia largo rato que los pacificos habitantes de Toledo habian cerrado con llave y cerrojo las pesadas puertas de sus antiguos caserones; la campana gorda de la catedral anunciaba la hora de la queda, y en lo alto del alcazar, convertido en cuartel, se oia el ultimo toque de silencio de los clarines, cuando diez o doce oficiales que poco a poco habian ido reuniendose en el Zocodover, tomaron el camino que conduce desde aquel punto al convento en que se alojaba el capitan, animados mas con la esperanza de apurar las prometidas botellas, que con el deseo de conocer la-maravillosa escultura.

La noche habia cerrado sombria y amenazadora; el cielo estaba cubierto de nubes de color de plomo; el aire, que zumbaba encarcelado en las estrechas y retorcidas calles, agitaba la moribunda luz del farolillo de los retablos, o hacia girar con un chirrido agudo las veletas de hierro de las torres.

Apenas los oficiales dieron vista a la plaza en que se hallaba situado el alojamiento de su nuevo amigo, este, que les aguardaba impaciente, salio a encontrarles; y despues de cambiar algunas palabras a media voz, todos penetraron juntos en la iglesia, en cuyo lobrego recinto la escasa claridad de una linterna luchaba trabajosamente con las obscuras y espesisimas sombras.

—iPor quien soy! exclamo uno de los convidados tendiendo a su alrededor la vista, que el local es de los menos aproposito del mundo para una fiesta.

—Efectivamente, dijo otro; nos traes a conocer a una dama, y apenas si con mucha dificultad se ven los dedos de la mano.

—Y sobre todo, hace un frio, que no parece sino que estamos en la Siberia,[1] anadio un tercero arrebujandose en el capote.

[Footnote 1: Siberia. A vast region in northern and central Asia, which forms part of the Russian empire, and which has by far the lowest winter temperatures of the known world.]

—Calma, senores, calma, interrumpio el anfitrion; calma, que a todo. se proveera. iEh, muchacho! prosiguio dirigiendose a uno de sus asistentes; busca por ahi un poco de lena, y enciendenos una buena fogata en la capilla mayor.

El asistente, obedeciendo las ordenes de su capitan, comenzo a descargar golpes en la silleria del coro, y despues que hubo reunido una gran cantidad de lena que fue apilando al pie de las gradas del presbiterio, tomo la linterna y se dispuso a hacer un auto de fe con aquellos fragmentos tallados de riquisimas labores entre los que se veian por aqui parte de una columnilla salomonica, por alla la imagen de un santo abad, el torso de una mujer, o la disforme cabeza de un grifo asomado entre hojarasca.

A los pocos minutos, una gran claridad que de improviso se derramo por todo el ambito de la iglesia, anuncio a los oficiales que habia llegado la hora de comenzar el festin.

El capitan, que hacia los honores de su alojamiento con la misma ceremonia que hubiera hecho los de su casa, exclamo dirigiendose a los convidados:

—Si gustais, pasaremos al buffet.[1]

[Footnote 1: buffet. A French word meaning 'refreshment-table.' It is customary in France at large receptions and dancing-parties to install in some room a counter or table from which to serve refreshments. This is known as the buffet.]

Sus camaradas, afectando la mayor gravedad, respondieron a la invitacion con un comico salido, y se encaminaron a la capilla mayor precedidos del heroe de la fiesta, que al llegar a la escalinata se detuvo un instante, y extendiendo la mano en direccion al sitio que ocupaba la tumba, les dijo con la finura mas exquisita:

—Tengo el placer de presentaros a la dama de mis pensamientos. Creo que convendreis conmigo en que no he exagerado su belleza.

Los oficiales volvieron los ojos al punto que les senalaba su amigo, y una exclamacion de asombro se escapo involuntariamente de todos los labios.

En el fondo de un arco sepulcral revestido de marmoles negros, arrodillada delante de un reclinatorio, con las manos juntas y la cara vuelta hacia el altar, vieron, en efecto, la imagen de una mujer tan bella, que jamas salio otra igual de manos de un escultor, ni el deseo pudo pintarla en la fantasia mas soberanamente hermosa.

—En verdad que es un angel, exclamo uno de ellos.

—iLastima que sea de marmol! anadio otro.

—No hay duda que aunque no sea mas que la ilusion de hallarse junto a una mujer de este calibre, es lo suficiente para no pegar los ojos en toda la noche.

—?Y no sabeis quien es ella? preguntaron algunos de los que contemplaban la estatua al capitan, que sonreia satisfecho de su triunfo.

—Recordando un poco del latin—que en mi ninez supe, he conseguido, a duras penas, descifrar la inscripcion de la tumba, contesto el interpelado; y a lo que he podido colegir, pertenece a un titulo de Castilla,[1] famoso guerrero que hizo la campana con el Gran Capitan.[2] Su nombre lo he olvidado; mas su esposa, que es la que veis, se llama dona Elvira de Castaneda, y por mi fe que si la copia se parece al original, debio ser la mujer mas notable de su siglo.

[Footnote 1: Castilla. See p. 34, note 1.]

[Footnote 2: el Gran Capitan. Gonzalo Fernandez de Cordoba (b. 1453, d. 1515). A famous Spanish general, who served with distinction in the wars against Portugal and the Moors, and in several Italian campaigns.]

Despues de estas breves explicaciones, los convidados, que no perdian de vista al principal objeto de la reunion, procedieron a destapar algunas de las botellas y sentandose alrededor de la lumbre, empezo a andar el vino a la ronda.

A medida que las libaciones se hacian mas numerosas y frecuentes, y el vapor del espumoso Champagne comenzaba a trastornar las cabezas, crecian la animacion, el ruido y la algazara de los jovenes, de los cuales estos arrojaban a los monjes de granito adosados en los pilares los cascos de las botellas vacias, y aquellos cantaban a toda voz canciones baquicas y escandalosas, mientras los de mas alla prorrumpian en carcajadas, batian las palmas en senal de aplauso, o disputaban entre si con blasfemias y juramentos.

El capitan bebia en silencio como un desesperado y sin apartar los ojos de la estatua de dona Elvira.

Iluminada por el rojizo resplandor de la hoguera, y a traves del confuso velo que la embriaguez habia puesto delante de su vista, pareciale que la marmorea imagen se transformaba aveces en una mujer real; pareciale que entreabria los labios como murmurando una oracion; que se alzaba su pecho' como oprimido y sollozante; que cruzaba las manos con mas fuerza; que sus mejillas se coloreaban, en fin, como si se ruborizase ante aquel sacrilego y repugnante espectaculo.

Los oficiales que advirtieron la taciturna tristeza de su camarada, le sacaron del extasis en que se encontraba sumergido, y presentandole una copa, exclamaron en coro:

—iVamos, brindad vos, que sois el unico que no lo ha hecho en toda la noche!

El joven tomo la copa, y poniendose de pie y alzandola en alto, dijo encarandose con la estatua del guerrero arrodillado junto a dona Elvira:

—iBrindo por el emperador,[1] y brindo por la fortuna de sus armas, merced a las cuales hemos podido venir hasta el fondo de Castilla a cortejarle su mujer, en su misma tumba, a un vencedor de Cerinola![2]

[Footnote 1: el emperador. Napoleon Bonaparte, born at Ajaccio, Corsica, August 15, 1769; died on the island of St. Helena, May 5, 1821. At this time he was at the height of his power.]

[Footnote 2: Cerinola. At Cerignola, Italy, on April 28, 1503, the Spanish army under Gonzalo de Cordoba defeated the French under the Duc de Nemours, and gained for Spain the kingdom of Naples.]

Los militares acogieron el brindis con una salva de aplausos, y el capitan, balanceandose, dio algunos pasos hacia el sepulcro.

—No... prosiguio dirigiendose siempre a la estatua del guerrero, y con esa sonrisa estupida propia de la embriaguez ...no creas que te tengo rencor alguno porque veo en ti un rival... al contrario, te admiro como un marido paciente, ejemplo de longanimidad y mansedumbre, y a mi vez quiero tambien ser generoso. Tu serias bebedor a fuer de soldado... no se ha de decir que te he dejado morir de sed, viendonos vaciar veinte botellas... itoma!

Y esto diciendo llevose la copa a los labios, y despues de humedecerselos con el licor que contenia, le arrojo el resto a la cara, prorrumpiendo en una carcajada estrepitosa al ver como caia el vino sobre la tumba goteando de las barbas de piedra del inmovil guerrero.

—iCapitan! exclamo en aquel punto uno de sus camaradas en tono de zumba, cuidado con lo que haceis.... Mirad que esas bromas con la gente de piedra suelen costar caras.... Acordaos de lo que acontecio a los husares del 5 deg. en el monasterio de Poblet.[1] ... Los guerreros del claustro dicen que pusieron mano una noche a sus espadas de granito, y dieron que hacer a los que se entretenian en pintarles bigotes con carbon.

[Footnote 1: Poblet. A once celebrated Cistercien monastery, situated about midway between Lerida and Tarragona. It owes its name to a holy hermit, who, after suffering many persecutions at the hands of the Moors, was finally granted all the territory of Hardeta. "When the Christians reconquered the country in 1149, the body of Poblet was revealed to the Church by miraculous lights, in consequence of which Ramon Berenguer IV immediately built the convent... (which) became the Escorial of Aragon." (Ford, Handbook.) It was plundered and partly destroyed in 1822-1835, but the ruins are still beautiful and imposing. The following incident is not one of its well-known legends.]

Los jovenes acogieron con grandes carcajadas esta ocurrencia; pero el capitan sin hacer caso de sus lisas, continuo siempre fijo en la misma idea:

—?Creeis que yo le hubiera dado el vino a no saber que se tragaba al menos el que le cayese en la boca? ... iOh! ... ino! ... yo no creo como vosotros que esas estatuas son un pedazo de marmol tan inerte hoy como el dia en que lo arrancaron de la cantera. Indudablemente el artista, que es casi un dios, da a su obra un soplo de vida que no logra hacer que ande y se mueva, pero que le infunde una vida incomprensible y extrana; vida que yo no me explico bien, pero que la siento, sobre todo cuando bebo un poco.

—iMagnifico! exclamaron sus camaradas, bebe y prosigue. El oficial bebio, y fijando los ojos en la imagen de dona Elvira, prosiguio con una exaltacion creciente:

—iMiradla! ... imiradla! ... ?No veis esos cambiantes rojos de sus carnes morbidas y transparentes? ... ?No parece que por debajo de esa ligera epidermis azulada y suave de alabastro circula un fluido de luz de color de rosa? ... ?Quereis mas vida? ... ?Quereis mas realidad? ...

—iOh! si, seguramente, dijo uno de los que le escuchaban; quisieramos que fuese de carne y hueso.

—iCarne y hueso! ... iMiseria, podredumbre! ... exclamo el capitan. Yo he sentido en una orgia arder mis labios y mi cabeza; yo he sentido este fuego que corre por las venas hirviente como la lava de un volcan, cuyos vapores caliginosos turban y trastornan el cerebro y hacen ver visiones extranas. Entonces el beso de esas mujeres materiales me quemaba como un hierro candente, y las apartaba de mi con disgusto, con horror, hasta con asco; porque entonces, como ahora, necesitaba un soplo de 'brisa del mar para mi frente calurosa, beber hielo y besar nieve... nieve tenida de suave luz, nieve coloreada por un dorado rayo de sol... una mujer blanca, hermosa y fria, como esa mujer de piedra que parece incitarme con su fantastica hermosura, que parece que oscila al compas de la llama, y me provoca entreabriendo sus labios y ofreciendome un tesoro de amor.... iOh!... si... un beso... solo un beso tuyo podra calmar el ardor que me consume.

—iCapitan! exclamaron algunos de los oficiales al verle dirigirse hacia la estatua como fuera de si, extraviada la vista y con pasos inseguros... ?que locura vais a hacer? iBasta de broma y dejad en paz a los muertos!

El joven ni oyo siquiera las palabras de sus amigos, y tambaleando y como pudo llego a la tumba y aproximbe a la estatua; pero al tenderle los brazos resono un grito de horror en el templo. Arrojando sangre por ojos, boca y nariz habia caido desplomado y con la cara deshecha al pie del sepulcro.

Los oficiales, mudos y espantados, ni se atrevian a dar un paso para prestarle socorro.

En el momento en que su camarada intento acercar sus labios ardientes a los de dona Elvira, habian visto al inmovil guerrero levantar la mano y derribarle con una espantosa bofetada de su guantelete de piedra.



MAESE[1] PEREZ EL ORGANISTA

[Footnote 1: maese. Obsolete for maestro, 'master,' a title of respect.]

En Sevilla[1] en el mismo atrio de Santa Ines,[2] y mientras esperaba que comenzase la Misa del Gallo,[3] oi esta tradicion a una demandadera del convento.

[Footnote 1: Sevilla. Seville, the capital of the province of Seville, is a city of some 148,000 inhabitants situated in the southwestern part of Spain on the Guadalquivir River. In the sixteenth century, during the reign of Philip II (1556-1598), at which time the events of this story are supposed to take place, Seville reached the height of its prosperity.]

[Footnote 2: Santa Ines. A convent church founded about 1374 by Dona Maria Coronel, its first abbess, and situated in the street named after her. The architecture is semi-Gothic.]

[Footnote 3: la Misa del Gallo. The midnight mass preceding Christmas day. The introduction of the word gallo has reference to the early cockcrowing. Compare the expression al primer gallo, at midnight.]

Como era natural, despues de oirla, aguarde impaciente que comenzara la ceremonia, ansioso de asistir a un prodigio.

Nada menos prodigioso, sin embargo, que el organo de Santa Ines, ni nada mas vulgar que los insulsos motetes que nos regalo su organista aquella noche.

Al salir de la Misa, no pude por menos de decirle a la demandadera con aire de burla:

—?En que consiste que el organo de maese Perez suena ahora tan mal?

—iToma! me contesto la vieja, en que ese no es el suyo.

—?No es el suyo? ?Pues que ha sido de el?

—Se cayo a pedazos de puro viejo, hace una porcion de anos.

—?Y el alma del organista?

—No ha vuelto a aparecer desde que colocaron el que ahora le sustituye. Si a alguno de mis lectores se le ocurriese hacerme la misma pregunta, despues de leer esta historia, ya sabe el por que no se ha continuado el milagroso portento hasta nuestros dias.



I

—?Veis ese de la capa roja y la pluma blanca en el fieltro, que parece que trae sobre su justillo todo el oro de los galeones de Indias;[1] aquel que baja en este momento de su litera para dar la mano a esa otra senora, que despues de dejar la suya, se adelanta hacia aqui, precedida de cuatro pajes con hachas? Pues ese es el marques de Moscoso,[2] galan de la condesa viuda de Villapineda. Se dice que antes de poner sus ojos sobre esta dama, habia pedido en matrimonio a la hija de un opulento senor; mas el padre de la doncella, de quien se murmura que es un poco avaro ... pero, icalle! en hablando del ruin de Roma, catale aqui que asoma.[3] ?Veis aquel que viene por debajo del arco de San Felipe,[4] a pie, embozado en una capa obscura, y precedido de un solo criado con una linterna? Ahora llega frente al retablo.

[Footnote 1: los galeones de Indias. The galleons from the West Indies brought much gold to Spain in the sixteenth century.]

[Footnote 2: Moscoso ... Villapineda. Well-known Sevillian titles, but created much later than the epoch of our story, the former in 1780, and the latter in 1738 (see Guia oficial de Espana, Madrid, 1905). These anachronisms on the part of the author, however, in no way affect the artistic merit of the work. Nor are they the only ones to be found in this same legend. See note 4, below; also p. 98, note 2; p. 99, note 3.]

[Footnote 3: en hablando del ruin de Roma, catale aqui que asoma. A colloquial expression worded in various ways, as, for example, en nombrando al ruin de Roma, luego asoma. Compare the English expression "speak of the devil and he will appear," used under similar circumstances. By Roma was probably meant originally the Catholic church or its officers.]

[Footnote 4: arco de San Felipe. This is another anachronism on the part of Becquer, for the arch and church of San Felipe were not constructed until the eighteenth century. Neither exists at present. The arch traversed a narrow street between the church of the same name and the convent of Santa Ines. Below the arch was a picture in azulejos representing Christ fallen with the cross and aided by Simon the Cyrenian.]

?Reparasteis, al desembozarse para saludar a la imagen, la encomienda que brilla en su pecho?

A no ser por ese noble distintivo, cualquiera le creeria un lonjista de la calle de Culebras.[1] ... Pues ese es el padre en cuestion; mirad como la gente del pueblo le abre paso y le saluda.

[Footnote 1: calle de Culebras. One of the ancient commercial streets of Seville, known to-day as the Calle de Villegas. It connects the Plaza de San Salvador and the Calle de Francos.]

Toda Sevilla le conoce por su colosal fortuna. El solo tiene mas ducados de oro en sus arcas que soldados mantiene nuestro senor el rey Don Felipe;[1] y con sus galeones podria formar una escuadra suficiente a resistir a la del Gran Turco....[2]

[Footnote 1: Don Felipe. Evidently Philip II, born at Valladolid, Spain, May 21, 1527; king of Spain 1556-98; died at the Escorial, Spain, September 13, 1598. Son of the emperor Charles V and Isabella of Portugal. The recluse king made his first visit to Seville in 1570 at the time of the preparations for the great war with the Turks.]

[Footnote 2: el Gran Turco = 'the Grand Turk,' that is to say the Sultan of Turkey. Selim II was sultan at this time, and his navy was considered the most powerful of Europe. On October 7, 1571, however, it was defeated in the battle of Lepanto by the united fleets of Spain and several of the Italian states, commanded by Don Juan of Austria.]

Mirad, mirad ese grupo de senores graves: esos son los caballeros veinticuatros.[1] iHola, hola! Tambien esta aqui el flamencote,[2] a quien se dice que no han echado ya el guante los senores de la cruz verde,[3] merced a su influjo con los magnates [4] de Madrid.[5] ... Este no viene a la iglesia mas que a oir musica.... No, pues si maese Perez no le arranca con su organo lagrimas como punos, bien se puede asegurar que no tiene su alma en su armario, sino friendose en las calderas de Pero Botero.[6] ... iAy, vecina! Malo... malo... presumo que vamos a tener jarana; yo me refugio en la iglesia, pues por lo que veo, aqui van a andar mas de sobra los cintarazos que los Pater Noster.[7] Mirad, mirad; las gentes del duque de Alcala[8] doblan la esquina de la plaza de San Pedro,[9] y por el callejon de las Duenas[10] se me figura que he columbrado a las del de Medinasidonia.[11] ... ?No os lo dije?

[Footnote 1: veinticuatros. Magistrates of certain cities of Andalusia, whose duties, according to the ancient municipal regime, were much the same as those of the modern regidores or aldermen. As the name indicates, there were twenty-four of these city councilors.]

[Footnote 2: el flamencote = 'the big (or great) Fleming.' During the reign of Philip II, owing to his religious persecutions in the Netherlands, several eminent Flemish noblemen were sent to Spain to treat with him on this question. Among the most famous were Egmont (Lamoral, count of Egmont), who was in Spain from January to April, 1565, and Montigny (Floris de Montmorency), who made two trips to Spain, one in 1562, and the other in 1566, on which occasion he remained until 1570, when he was murdered at the king's bidding. Philip received both of these envoys with a show of great cordiality and affection. The Spanish nobles, on the contrary, were cold in their reception, and would gladly have given them over to the Inquisition had there been no fear of Philip's anger. Either of these envoys, if they were ever in Seville, may be referred to here, or some other influential Fleming who may have been there under similar conditions, or this may be mere fiction.]

[Footnote 3: los senores de la cruz verde. The officers of the Inquisition. The arms of this body were a green cross surmounted by a crown, with a drawn sword to the right and an olive branch to the left, upon a field of sable. See Emmanuel Delorme, les Emblemes de L'Inquisition d'Espagne, Toulouse, 1905.]

[Footnote 4: los magnates. Doubtless Philip II and his court are meant.]

[Footnote 5: Madrid. See p. 80, note 2.]

[Footnote 6: Pero Botero. See vocabulary.]

[Footnote 7: Pater Noster. See p. 33, note 1.]

[Footnote 8: El duque de Alcala. In 1558 Philip II bestowed this title upon D. Pedro Afan o Enriquez de Ribera y Portocarrero, second Marquis of Tarifa, sixth Count of los Molares, and bearer of other titles as well. He was made viceroy of Naples in 1559, at about the age of fifty, and died some dozen years later. His wife was Dona Leonor Ponce de Leon, by whom he had no children. This is probably the duke referred to here, if we presume that the author had some definite duke in mind. The beautiful family mansion, known as la Casa de Pilatos, is still standing, a mixture of Gothic, Moorish, and Renaissance designs.]

[Footnote 9: San Pedro. The church of San Pedro, a Gothic structure of the fourteenth century, built on the site of a mosque, is situated near the modern market and not far from the University. The little square in front of the church bears the same name.]

[Footnote 10: callejon de las Duenas. A short street called to-day Calle de Gerona. It connects the Plaza del Espiritu Santo and that of Sta. Catalina. This street received its name from the Cistercian nuns whose convent, destroyed in the revolution of 1868, was situated here.]

[Footnote 11: las del de Medinasidonia= 'those of the (Duke) of Medinasidonia.' In the fifteenth century Seville was the scene of many bloody frays between the hostile houses of Medinasidonia and Ponce de Leon, but through the intervention of Ferdinand and Isabella this enmity was happily terminated before the close of that century, long before the creation of the title of Duke of Alcala. The dukedom of Medinasidonia was created in 1445 by Juan II, and the best-known duke of this name during the reign of Philip II was commander of the celebrated Armada (1588).]

Ya se han visto, ya se detienen unos y otros, sin pasar de sus puestos... los grupos se disuelven... los ministriles, a quienes en estas ocasiones apalean amigos y enemigos, se retiran ... hasta el senor asistente,[1] con su vara y todo, se refugia en el atrio... y luego dicen que hay justicia.

[Footnote 1: asistente. A magistrate in Seville, and certain other cities, whose duties and prerogatives corresponded with those of the corregidor elsewhere. This office came into existence in Seville about the middle of the fifteenth century, and was filled during the reign of Philip II by some fifteen asistentes in succession, most of them counts.]

Para los pobres....

Vamos, vamos, ya brillan los broqueles en la obscuridad.... iNuestro Senor del Gran Poder[1] nos asista! Ya comienzan los golpes ivecina! ivecina! aqui... antes que cierren las puertas. Pero icalle! ?Que es eso? Aun no ban comenzado, cuando lo dejan. ?Que resplandor es aquel? iHachas encendidas! iLiteras! Es el senor obispo.[2]

[Footnote 1: Nuestro Senor del Gran Poder. An epithet applied to Christ.]

[Footnote 2: obispo. Of course the archbishop is meant here. The Seville Archbishops during the reign of Philip II were D. Fernando Valdes, Inquisitor General (d. 1568), D. Gaspar de Zuniga y Avellaneda (d. 1571), D. Cristohal de Roxas y Sandoval (d. 1580), and D. Rodrigo de Castro (d. 1600). See Fermin Arana de Varflora, Compendio descriptivo de ... Sevilla, 1789, za parte, p. 13.]

La Virgen Santisima del Amparo,[1] a quien invocaba ahora mismo con el pensamiento, lo trae en mi ayuda.... iAy! iSi nadie sabe lo que yo debo a esta Senora![2] ... iCon cuanta usura me paga las candelillas que le enciendo los sabados!... Vedlo, que hermosote esta con sus habitos morados y su birrete rojo.... Dios le conserve en su silla tantos siglos como yo deseo de vida para mi. Si no fuera por el, media Sevilla hubiera ya ardido con estas disensiones de los duques. Vedlos, vedlos, los hipocritones, como se acercan ambos a la litera del Prelado para besarle el anillo.... Como le siguen y le acompanan, confundiendose con sus familiares. Quien diria que esos dos que parecen tan amigos, si dentro de media hora se encuentran en una calle obscura ... es decir, iellos ... ellos! ... Libreme Dios de creerlos cobardes; buena muestra han dado de si, peleando en algunas ocasiones contra los enemigos de Nuestro Senor.... Pero es la verdad, que si se buscaran ... y si se buscaran con ganas de encontrarse, se encontrarian, poniendo fin de una vez a estas continuas reyertas, en las cuales los que verdaderamente baten el cobre de firme son sus deudos, sus allegados y su servidumbre.

[Footnote 1: La Virgen Santisima del Amparo. An appellation that recalls the frequent role of the Virgin as protector in the mediaeval legends.]

[Footnote 2: esta Senora—this Lady,' referring to the Virgin.]

Pero vamos, vecina, vamos a la iglesia, antes que se ponga de bote en bote ... que algunas noches como esta suele llenarse de modo que no cabe ni un grano de trigo.... iBuena ganga tienen las monjas con su organista!... ?Cuando se ha visto el convento tan favorecido como ahora?...[1] De las otras comunidades, puedo decir que le han hecho a maese Perez proposiciones magnificas, verdad que nada tiene de extrano, pues hasta el senor arzobispo le ha ofrecido montes de oro por llevarle a la catedral... pero el, nada.... Primero dejaria la vida que abandonar su organo favorito.... ?No conoceis a maese Perez? Verdad es que sois nueva en el barrio.... Pues es un santo varon; pobre si, pero limosnero cual no otro.... Sin mas parientes que su hija ni mas amigo que su organo, pasa su vida entera en velar por la inocencia de la una y componer los registros del otro.... iCuidado que el ergano es viejo!... Pues nada, el se da tal mana en arreglarlo y cuidarlo, que suena, que es una maravilla.... Como que le conoce de tal modo, que a tientas... porque no se si os lo he dicho, pero el pobre senor es ciego de nacimiento.... Y icon que paciencia lleva su desgracia!... Cuando le preguntan que[2] cuanto daria por ver, responde: mucho, pero no tanto como creels, porque tengo esperanzas.—?Esperanzas de ver?—Si, y muy pronto, anade sonriendose como un angel; ya cuento setenta y seis anos; por muy larga que sea mi vida, pronto vere a Dios....

[Footnote 1: In women's convents the organ is played by the nuns themselves, and in Sta. Ines it is in the choir and not in a gallery apart, as Becyuer puts it.]

[Footnote 2: que. A redundant use of the conjunction quite frequently found in Spanish.]

iPobrecito! Y si lo vera ... porque es humilde como las piedras de la calle, que se dejan pisar de todo el mundo.... Siempre dice que no es mas que un pobre organista de convento, y puede dar lecciones de solfa al mismo maestro de capilla de la Primada;[1] como que echo los dientes en el oficio. Su padre tenia la misma profesion que el; yo no le conoci, pero mi senora madre, que santa gloria haya,[2] dice que le llevaba siempre al organo consigo para darle a los fuelles. Luego, el muchacho mostro tales disposiciones que, como era natural, a la muerte de su padre heredo el cargo. iY que manos tiene! Dios se las bendiga. Merecia que se las llevaran a la calle de Chicarreros[3] y se las engarzasen en oro.... Siempre toca bien, siempre; pero en semejante noche como esta, es un prodigio.... El tiene una gran devocion por esta ceremonia de la Misa del Gallo, y cuando levantan la Sagrada Forma[4] al punto y hora de las doce, que es cuando vino al mundo Nuestro Senor Jesucristo ... las voces de su organo son voces de angeles....

Previous Part     1  2  3  4  5  6  7     Next Part
Home - Random Browse